lunes, 27 de marzo de 2017

06 - Otras montañas - Otros continentes. (Año 1.983). ---- Cordillera Real de los Andes. (Bolivia). Illimani. - Segunda parte.


Estamos en La Paz, reponiéndonos de la reciente ascensión al Huayna Potosí y nos tomamos unos días de descanso antes de desplazarnos hacia el Illimani.
Pero tampoco permanecemos inactivos. Anteriormente ya habíamos estado en el lago Titicaca. Visitamos la ciudad/santuario de Copacabana. Fuimos a Chacaltaya donde se encuentra la estación de esquí más alta del mundo. Hemos visitado la ciudad arqueológica de Tiahuanaco.

Ahora, después de volver del Huayna vamos a conocer  el “Valle de la Luna” y luego viajamos a Sorata. Después de unos días ya nos disponemos a preparar la logística para ascender al Illimani. Contactamos con el ya conocido Club Andino Boliviano donde el veterano andinista y guía Alfredo Martínez nos ofrece un ligero asesoramiento acerca de la ruta y posibles dificultades en la ascensión. Por otra parte, gestionamos el transporte que nos lleve hasta la base de la montaña.

Y para terminar, cuando regresemos del Illimani aún tendremos ánimos para realizar un recorrido por un antiguo camino Inca que nos hará pasar por Mina San Francisco, Mina Chojlla, Chulumani y Puente Villa descendiendo hasta la región de Yungas..

Después de cumplido todo este amplio programa quedaremos muy satisfechos y daremos por finalizada nuestra bien aprovechada estancia en Bolivia.


                   Illimani y sus cimas más destacadas.
De izquierda a derecha:   Pico Kuhm o Norte (alt. 6.380 mts)
                                                       Pico La Paz o Central (alt. 6.362 mts) y
                                                                          Pico del Indio o Sur (alt. 6.462 mts).



Mientras permanecemos en La Paz nos gusta ver el ambiente callejero y visitamos algunos barrios típicos.



Mercado callejero.


Algunos ciudadanos aprovechan para tomar un tente-en-pié en los puestos de la calle.. 


Pasacalles con zampoñas.


Grupo de indígenas.


El  “Valle de la Luna” se encuentra a unos 10 kms del centro de La Paz. Se  trata de una montaña cuyos componentes son principalmente arcilla y arenisca: La erosión en el transcurso de los siglos ha dejado caprichosas formaciones.


No nos imaginábamos la espectacularidad de este terreno. Fue una grata sorpresa para nosotros.



Muy cerca del Valle de la Luna paseamos entre una variada colección de especies cactáceas.





También realizamos una relajante visita a la localidad de Sorata y caminamos por sus alrededores.


Desde Sorata seguimos un camino por el que llegamos a la gruta de San Pedro que visitamos en su interior.




Una lástima. Las nubes nos impiden contemplar el nevado Illampú (alt 6.485 mts)  y picos de Ancohuma (alt. 6.427 mts) que deberíamos ver desde esta zona.


Pero lo que realmente nos interesa es preparar la ascensión al Illimani.
Contactamos con el veterano andinista boliviano Alfredo Martínez. Toma mucho interés por nosotros pero no podrá acompañarnos de guía como sería nuestro deseo. Sin embargo nos ofrece valiosa información  acerca de la ruta que deberemos seguir en la ascensión.
Hablamos también con el conocido guía Óscar Fernández quien ya nos llevó en su todo-terreno al Huayna. Pero igualmente tiene comprometidas las próximas fechas.

Nos vendría muy bien que alguien se uniera a nosotros sobre todo para formar dos cordadas de a 2, pues una de 3 ralentizaría la progresión en la subida por los glaciares.
Alfredo tiene conocimiento de una persona, un joven suizo que también desea ascender al Illimani. Dominique tiene 20 años y está viajando por el mundo. Ha ascendido Kilimanjaro, y ha visitado Sudáfrica. En la actualidad recorre Sudamérica (Brasil, Argentina, Chile...). Más adelante llegará a Estados Unidos. Es buen escalador, habiendo superado pasos de VII grado.

Alfredo nos alquila algo de material que nos recomienda para la escalada del Illimani. También nos ofrece el transporte hasta la base de la montaña. En un “tira y afloja” llegamos a un acuerdo en precios.

Llueve con intensidad en La Paz. Hasta ahora, todo el tiempo que llevamos en Bolivia no habíamos visto caer una gota de agua. Estamos obligados a retrasar la salida pues en el Illimani será una buena capa de nieve la que se haya acumulado.

No será Alfredo quien nos lleve a la base del Illimani. Tiene algún problema mecánico con su vehículo y en su lugar un amigo suyo, Chicho, será quien finalmente nos lleve a Mina Urania desde donde iniciaremos la ascensión. 

 





Nos lleva 4 horas de viaje en todo-terreno para los aproximadamente 50/60 kms por una pista de continuas subidas y bajadas, curvas y contra curvas, hasta llegar a la base de la montaña.


Llegamos a Mina Urania (alt. 3.800 mts) donde también residen con sus familias trabajadores mineros que extraen mineral de Wolframio.
A partir de aquí será cosa nuestra, sin guías ni porteadores.


Conforme a la información recibida, seguimos un evidente camino que remonta el valle. Alcanzamos un collado por donde también pasa una pista que posiblemente conecte con las numerosas minas de la zona. 


En el camino saludamos a un campesino con quien entablamos conversación. Dice que lleva deambulando varios días en busca de trabajo de minero. A falta de otro entretenimiento en estos momentos para él, se pega a nosotros y nos acompaña hasta el lugar en el que decidimos montar el primer campamento avanzado (alt. 4.450 mts). 


Hasta aquí hemos llegado en 4 horas de marcha, siendo para Elías un verdadero suplicio debido a las molestias por un proceso de resfriado.
El minero Víctor nos ha servido de guía improvisado y le damos algo de comer. También nos pide que para pasar la noche pueda juntarse con nosotros dentro de la tienda. Como debido a la limitada capacidad no será posible, tampoco insiste. Parece que lo comprende y decide ir hasta unas cabañas que conoce donde le facilitarán cama.
La cabaña está como a media hora. Mañana regresará temprano a nuestro encuentro pues se ha ofrecido para portear la mochila de Elías.


A la mañana siguiente, Víctor se presenta muy temprano. Nos dice que los campesinos de la cabaña a la que se ha dirigido no le han querido dar cobijo por el hecho de ser minero. Ha tenido que pasar la noche acurrucado junto a unas piedras, aguantando las bajas temperaturas y apenas sin poder dormir.
Recogemos la tienda, organizamos las mochilas y emprendemos la marcha siguiendo una senda entre terreno pedregoso, sin nada de vegetación.


Víctor se encarga de portear la pesada mochila  y de esta manera Elías puede subir más cómodamente con posibilidad de recuperarse de cara a las siguientes jornadas.


Además de porteador nos hace de guía. Víctor conoce bien la ruta hasta el siguiente emplazamiento en “Nido de Cóndores”. Va por delante de nosotros con una marcha difícil de seguir. Se le ve fuerte. Nosotros vamos mucho más despacio. 


Éste es Víctor. No se distancia mucho de nosotros y nos espera para reagruparnos.


El joven suizo Dominique que nos acompaña en la ascensión al Illimani.



La ruta hacia Nido de Cóndores transcurre entre pedreras interminables.


A ritmo muy lento. El peso de las mochilas y la altitud no nos permiten ir rápidos.



Nos estamos aproximando a los glaciares..


Es impresionante. No parece sencillo encontrar paso entre grietas y séracs. Afortunadamente la ruta de ascensión no sigue por estas paredes que vemos en la imagen.


Seguimos ganando altura pero sin apartarnos de la pedrera.


Una mirada hacia los valles que quedan abajo. Valles, barrancos… Un paisaje desértico.


Son las 3hs de la tarde cuando llegamos al emplazamiento de “Nido Cóndores” (alt. 5.450 mts.).
Pagamos a Víctor lo convenido por el porteo de la mochila de Elías y un “extra” por haber hecho de guía. También le damos lo que podemos de alimento. Le comentamos si quiere venir a nuestro encuentro cuando regresemos dentro de 3 días y en principio está de acuerdo.



La temperatura es fresca cuando salimos de la tienda a la mañana siguiente.
Apenas hemos podido dormir debido al cansancio y la altitud. La jornada anterior hemos salvado un desnivel de 1.000 metros con peso en las mochilas de unos 18 kilos.


Cuando nos disponemos a salir de Nido de Cóndores ya está dando el sol. Los primeros metros todavía por pedrera.


Pronto entramos en el glaciar y ascendemos sobre hielo erosionado. 



Elías ya parece se encuentra recuperado de sus molestias de días anteriores y se halla animado y con fuerzas. Le vino muy bien la ayuda del porteador Víctor en la anterior jornada.



Alcanzamos una amplia plataforma desde donde tenemos una buena perspectiva de la montaña. Sin embargo, la nieve que ha caído recientemente ha cubierto las posibles huellas de los expedicionarios que hayan subido durante esta temporada. No tenemos referencias de la ruta, pero gracias al buen tiempo disponemos de buena visibilidad. Seguiremos por donde lo veamos más evidente.



Cruzamos una grieta para luego trepar otra fuerte pendiente de unos 45º de inclinación con tramos de hielo vivo. Todo va bien y llegamos al lugar en el que decidimos parar para instalar el campamento 2 (alt. 5.750 mts.).



No ha sido mucho el desnivel que hoy hemos ganado pero hemos terminado muy cansados. Hay una buena plataforma para colocar la tienda y descansamos.
Nos quedan unos 650 metros de desnivel hasta la cumbre. No tenemos ni una ligera huella ni señal que nos sirva de referencia. Echamos un vistazo hacia adelante, hacia arriba. Estudiamos el posible itinerario que nos parece más razonable evitando las grietas hasta situarnos en la arista cimera.
Tras estas observaciones, comentamos sensaciones. Y cuando se pone el sol no nos queda otra que meternos en los sacos. Fuera de la tienda el frío es muy intenso..., insoportable.


Nos levantamos pronto el día 21. A las 8hs ya estamos en marcha. La nieve alterna tramos dura donde se progresa bien, y otros tramos en los que hay que abrir profunda huella que desgasta a quien va primero. 


Elías abriéndonos huella sobre nieve profunda. Iremos alternando las posiciones...




Llegamos a la base de una pendiente de hielo de considerable inclinación donde aseguramos largos con clavos para hielo. A Elías se le afloja un crampón en un momento delicado. Aseguramos la situación y logra recuperar la normalidad. 







Son espectaculares los glaciares y masas de hielo que tenemos a la vista.



Superada la larga pendiente, lo que nos queda ya no presenta serias dificultades. De esta manera afloja la tensión. Pero en cambio es la niebla la que aparece cuando avanzamos sobre la arista cimera. Con la niebla llega también un frío intenso. Se nos hace largo llegar hasta la cumbre.




Son las 2hs cuando por fin nos encontramos sobre la cima Sur del Illimani, a 6.462 metros de altitud. Nos felicitamos entre nosotros. Tomamos algunas fotos testimoniales. 
Es una lástima no poder disfrutar de la cumbre, pues no es posible contemplar las panorámicas que tiene que haber. La niebla nos lo impide.
En la foto: Javier, Dominique y Leopoldo.




Hay otra cota en la misma línea a unos 100 metros de distancia, a la que  también decidimos pasar. 

En la foto: Dominique, Leopoldo y Elías.
Sin más entretenimientos, nos damos por satisfechos y nos disponemos a abandonar la cumbre. No se puede estar mucho tiempo en estas condiciones.


El descenso con precauciones y tratando de seguir las huellas de subida. Afortunadamente la niebla solo cubre la parte superior de la montaña y tenemos suficiente visibilidad en el descenso.


Incluso  termina despejándose en la parte alta.


Llegamos al campamento 3 a las 5hs de la tarde. Estamos bastante cansados pero satisfechos. Pasamos la noche y nos recuperamos.



A la mañana siguiente recogemos sin entretenernos siquiera para desayunar. El frío es muy intenso. Pero hay que aguantarse. 



Pasamos una incómoda zona con penitentes de las mismas características que ya conocíamos del Huayna.


Todavía alguna delicada pendiente de destrepe sobre hielo duro.


Y ya dejamos el glaciar para continuar descendiendo por pedreras.
Descansamos un largo rato aprovechando a ingerir algo de alimento a modo de desayuno que no habíamos tomado a primera hora.


Pasamos junto al mojón de piedras que hace de referencia para la ruta.


Es aquí donde ya nos sentimos más aliviados. 

Pol nos recuerda las palabras típicas en él y que nos dijo cuando subíamos: “Si hacemos cumbre en el Illimani, nos daremos con un canto en los dientes”.
Y eso es lo que está haciendo, cumpliendo con su promesa. El testimonio fotográfico lo acredita.


Otro detalle en la bajada es que no podemos resistirnos a calmar la sed en el primer hilo de agua que descubrimos.


Hemos de detenernos numerosas veces debido al cansancio.
Recordamos que en la subida habíamos quedado en que Víctor vendría a nuestro encuentro para guiarnos hasta Cohoni. Pero no asoma por ninguna parte.
Dominique había dejado algunas pertenencias suyas junto a unas rocas, y por más vueltas que hemos dado no vemos ni rastro. Cómo habrán desaparecido?


Nos despedimos definitivamente de la montaña Illimani y de sus glaciares. Tenemos que seguir bajando.


Pero nos parece difícil llegar a algún lugar civilizado a través de un paisaje tan extremadamente desértico.

No vemos nada clara la ruta que tenemos que seguir. Tampoco logramos entender cómo es que Chicho nos dijo que volviésemos a Cohoni en lugar de a Mina Urania donde nos había dejado a la subida.

Más o menos estamos orientados y podemos saber la dirección en la que se encuentra este poblado. Pero conseguir llegar sin dificultades será un gran logro.
Estamos muy cansados y sacamos fuerzas de flaqueza para no desanimarnos y seguir descendiendo.
En algunos momentos intentamos seguir algunas falsas sendas que ante nuestra desesperación se difuminan sin conducir a ninguna parte.
Después de varias horas deambulando por terreno desértico, cruzando barrancos sin evitar tramos de subidas, por fin damos con una acequia donde vemos algunos campesinos que regresan al poblado después de haber finalizado su jornada de trabajo. Nos confirman que por ese camino vamos bien para llegar a Cohoni.

La última hora hasta llegar al final se nos hace relativamente amena por la compañía de estos campesinos con quienes charlamos. Tienen curiosidad por nosotros y nos preguntan sobre la razón de venir desde España solo para subir a la montaña sin ninguna razón material. Para ellos es incomprensible. Es difícil que entiendan nuestras explicaciones cuando ellos solo hacen algo por alguna compensación económica o material. Les decimos que en nuestro país, muchos de nuestros compatriotas tampoco nos comprenden.

Felizmente, muy avanzada la tarde, llegamos a Cohoni donde nos esperan Chicho y Maria José que estaban muy impacientes debido a nuestra tardanza. Pero han de comprender que nos hemos dado una soberana paliza descendiendo desde los 5.700 metros hasta 3.700 metros con el consiguiente desplazamiento por un terreno desconocido en el que debíamos intuir la buena dirección.

Ahora ya todos reunidos podemos celebrar el éxito de nuestra ascensión al Illimani con unas mandarinas, plátanos y escabeche, acompañado todo ello con dos litros de agua limonada, que dada nuestra evidente deshidratación desaparecen de inmediato.


Al día siguiente ya en La Paz, seguimos con la deliciosa dieta a base de mucha fruta variada.



Camino Inca del Takesi descendiendo a la región de Yungas.

Descansamos un par de días y disponiendo todavía de algunas fechas decidimos aprovecharlas recorriendo un antiguo camino Inca que desciende hasta la región de los Yungas.

En el todo.terreno de Bernardo Guarachi llegamos en dos horas hasta la Mina San Francisco (alt. 4.200 mts) donde iniciamos este camino Inca.
Hay varias bocas de mina donde se trabaja en la extracción de Wolframio.


El camino alcanza el collado “Alto de Apacheta" (alt. 4.700 mts) desde donde ya será todo bajada 

Pasamos junto a este lago y puede decirse que aquí inicia el río Takesi.



No es fácil encontrar un pequeño hueco para poder colocar la tienda junto al camino. Aquí pasamos la noche.

El valle del Takesi



El camino serpentea por la ladera del valle.




Varios tramos del camino se hallan empedrados.

Ruinas que parecen ser de una antigua mina.

Cabañas de Takesi, primer poblado en el camino Inca.

Niños del valle.

Una parada junto al arroyo de Takesi.



Barracones de mina Chojlla.

Colegio de Chojlla.

Instalaciones de la mina.

Vista general de mina Chojlla.
Chojlla es una importante población minera que en esta época en que la visitamos (año 1.983) tenía una población de 3.000 habitantes.
Acudimos al director del colegio de mayores y con él tenemos una larga conversación. Nos cuenta infinidad de detalles sobre la población:
Hay muchos niños
Nos comenta que el minero gana bien. Pero que hay demasiados niños. (familias numerosísimas de entre 8 y 15 niños por familia).
Disponen de TV para que los niños estén entretenidos mientras los padres pueden también entretenerse en preparar otros más…
La luz es gratis para ellos. Igual que la vivienda. La comida a muy bajo precio. Disponen de vales para pan a un precio muy económico. La carne también muy económica, etc, etc.
Con el permiso del director, podemos pasar la noche en una de las dependencias del colegio.
Al día siguiente asistimos a un mitin obrero con reivindicaciones para los trabajadores y sus familias. Después de 3 horas la asamblea se disuelve.

Seguimos nuestra ruta descendiendo hasta Yanacachi donde pretendemos coger algún transporte que nos lleve a Coroico.
Cosa complicada y difícil. Nos comentan que hay huelga de transporte. Con lo cual, a ver qué tal se nos da el plan de visitar esta población.
La verdad es que todo se complica. Solo hay posibilidad de que consigamos subir a algún camión de carga. Pero los pocos que pasan o no quieren hacerse cargo o van llenos hasta las cartolas de campesinos con sus respectivas mercancías.
Hacemos noche en Chulumany con la esperanza de que al día siguiente logremos subir a alguno de los pocos camiones que nos puedan llevar hasta La Paz.


Se nos pasan las horas esperando hasta que finalmente, a las 2 hs. de la tarde llega un camión que podría llevarnos. Logramos subir y acomodarnos sobre cajas de botellas. Detrás de nosotros sigue subiendo gente y más gente. En el trayecto todavía sube más personal, todos con sus respectivas mercancías, a pesar de que ya nos parecía que no podría caber nadie. Ahí nos amontonamos encima de las cajas de botellas, con sacos de naranjas, verduras… mercancía de lo más variada. Variada como el tipo de gente. Hablamos con ellos, nos preguntan, se interesan por nuestras vidas en nuestro país.
Tragamos mucho polvo en el trayecto. La pista es estrecha y el problema, gran problema, es cuando dos camiones se cruzan. Hay que parar, hacer maniobras delicadas… mientras vemos unos precipicios que dan miedo. El fondo del valle en algunos casos puede llegar a estar a unos 800 metros de caída. Es la “carretera de la muerte”. Son muy habituales los accidentes. Así que, bueno... Terminar sanos y salvos de este viaje ya es un gran logro.

La región de los Yungas está muy baja siendo características las extensas plantaciones de café y coca.
El grave problema de transporte nos ha condicionado nuestra original idea de visitar con algo detenimiento algunas de las poblaciones como podía ser Coroico. Pero tenemos que descartarlo y si hemos conseguido subir a este vehículo, no vamos a arriesgarnos a permanecer por días en estos valles.
A La Paz llegamos en 5 horas y media de viaje infernal en un recorrido que habrá podido ser de unos 80 kms.

Al día siguiente en La Paz dejamos que nos saquen brillo al calzado.



Paceño haciendo sonar la típica zampoña.




Detalle del monumento a Pedro Domínguez Murillo en la plaza Murillo.


Panorámica nocturna de La Paz con el monte Illimani siempre presente. A la izquierda también destaca el cerro Mururata.